Las dos caras de la moneda.

En un territorio tan pequeño como el que vivo muchas veces subes una montaña y ves un paisaje idílico. Te das la vuelta y ves todo lo contrario.

Es muy difícil que la naturaleza y la industria convivan juntas sin problemas. Durante mucho tiempo aquí, se ha contaminado el aire, el agua y la tierra sin ninguna contemplación. Ahora se tiene más control y tampoco podemos vivir sin tener trabajo. Ser ecologista está muy bien, pero también ser realista.

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