
De vuelta a las montañas cercanas a mí ciudad me encuentro a sus habituales «inquilinos». Como siempre hay que molestar y alterar lo menos posible su tranquilidad.



Este año he empezado tarde y se me ha escapado lo más bonito del otoño, pero todavía detrás de la niebla quedan esos ocres que tanto me gustan.

Y como dándome la despedida hasta una próxima visita, este grupo de pottokas, ponis vascos, agradecen que me vaya y les deje tranquilos.
No cambio estos lugares por ningún «ochomil» del mundo.
Para mí es una evasión de la rutina semanal. Gracias Maria Jesus.
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Thanks so much 😊😊😊
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Me alegro que te guste. Gracias.
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Encantadoras, palabra e imagen.
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Beautiful photos! Love it!
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Qué delicia tener tan cerca estas montañas, estos paisajes… y poder disfrutarlos cada día…
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