La tertulia.

Recuerdo cuando estas sillas las ocupaban unas ancianas que hablaban de sus duras vidas todas las tardes de verano. Las partidas a la brisca, a la escoba o al tute, con señas que no descifraría ni la propia CIA.
Abanicos, botijos e incluso algunas rosquillas caseras.

Poco a poco mientras yo iba creciendo y pasaban los veranos las sillas se iban vaciando. Un mes de Julio cuando volví al pueblo y fui a la chopera estaban todas vacías. Solo se oía el ruido de las hojas de los árboles y la corriente del río. Me pareció un lugar diferente al que había conocido. Me sentí muy solo y me dió mucha pena.
Ahora sin embargo me alegra recordar aquellas tardes, como daban un toque de humor negro a sus crudas historias y el olor de las rosquillas.


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